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Después del 6D urge dar de nuevo con la fórmula chavista

Carlos Machado Villanueva

23/12/2015

En la primera mitad de los 90 intelectualmente tomé prestado un concepto que me pareció pertinente para identificar la labor de quienes por años, política y revolucionariamente  esclarecidos o no, fueron militantes de las consecuencias de su comprensión y puesta en práctica, me refiero al de “tejido social”, que hoy a la luz del revés electoral del chavismo reverbera en mi horizonte como señal de alerta ante la poca concienciación que ha habido de lo estratégico del mismo en nuestra práctica política en estos 17 años de revolución bolivariana.

Hubo en el liderazgo fundacional de ésta tanta claridad sobre ese carácter estratégico para hacerla irreversible, en especial de parte de Chávez,  que fue incluido como una de las tareas principalísimas del primer Plan Bolivariano de la Nación (1999-2007), en el que se planteaba la necesidad de la reconstitución del tejido social si se quería en serio refundar la república en términos de una profunda y radical democratización.

Ello  no significaba otra cosa sino  devolverle el poder y el protagonismo históricos al pueblo, su único dueño,  luego de que le fuese secuestrado por el populismo y el asistencialismo castrantes de la iniciativa popular, por obra y gracia de la perversa práctica  del bipartidismo de AD y Copei en los 40 años que precedieron a la revolución Bolivariana, dirigida a castrar la voluntad de lucha popular por sus derechos políticos, económicos y sociales.

El sociólogo argentino Bernardo Klisberg, a quien leería por aquellos años de borrachera neoliberal y del fin de la historia -es decir el triunfo definitivo del egoísmo y el individualismo capitalista-, el significado del concepto “tejido social” hacía alusión  a esa práctica inveterada del pueblo llano, es decir, el principal sujeto social a través de la historia de la humanidad, de prestarse solidaridad, ayuda y apoyo mutuo ente los habitantes, vecinos,  de una comunidad, o barrio, o caserío, y ahora ámbito comunal, constitucionalmente y sabiamente  avizorado en el Artículo 5 de la CRBV.

Aquí vienen a mi recuerdo las populares cayapas barriales de las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado para acometer las redes, por ejemplo, de aguas blancas y/o servidas, o de caminerías (escaleras cerro arriba), y hasta calles, de los hombres y mujeres de los barrios empinados, y hoy consolidados por aquel esfuerzo, en primer lugar, colectivo, aunque también familiar, de la Gran Caracas, de quienes, abandonados a su suerte en las faldas de los empinados cerros después de ser seducidos por el clientelismo bipartidista a abandonar el campo y venirse a la ciudad, dirían basta y echarían andar, recordando a nuestro guerrillero heroico.

Yendo al meollo de la cuestión: de los numerosos análisis de estos días post electorales del porqué de la derrota en las urnas electorales del chavismo, se desprende que una de las principales causas de ese descalabro radica en el abandono de que fue objeto ese sujeto social primordial de toda revolución, el pueblo, por parte de los partidos que abrazan el proyecto bolivariano, pero principalmente por el Psuv, ello sin entrar en detalles.

El hecho es que los relatos barriales de estos días, recogidos en cada esquina, hablan, por ejemplo, de cómo ha habido una distorsión del “deber ser” en la práctica de no pocos consejos comunales; con la vuelta de prácticas perversas como el amiguismo, el clientelismo, el asistencialismo acrítico, y por supuesto la archirrepudiada corrupción; lo cual es perfectamente posible, máxime cuando, como se descubre, en estos casos no estuvo presente la orientación del cuadro revolucionario, ni mucho menos de la estructura de base revolucionaria, patrulla o célula.

Ah, pero lo que sí estuvo presente fue el enemigo histórico de la revolución, el capitalismo, y peor aún, con su más perversa y efectiva arma, los medios de comunicación privados en todas sus variantes, ahora por supuesto incluidas las redes sociales, donde incluso el chisme pueblerino otrora limitado en su alcance territorial, ha pasado a ser una especie de misil de “largo alcance” para destruir el imaginario colectivo, más aún si como lo viene intentando la revolución bolivariana por diferentes vías desde su arribo a nuestro país, democráticas y pacíficas todas, éstos puedan ser llenados de nuevo con aquellos referentes de solidaridad, apoyo mutuo y participación al que hicimos referencia antes.

Soy de lo que comparto la hipótesis de que ha habido una labor de filigrana por parte de los laboratorios de guerra sucia y psicológica, y de operaciones encubiertas, incluidas las mediáticas por supuesto, en manos fundamentalmente de la CIA -pero incluso de otras agencias de inteligencias como las de Israel, Francia e Inglaterra-  aliadas todos entre sí en contra de la revolución bolivariana y el peligroso ejemplo que representa para la preservación del modelo de “democracia” capitalista  -mejor dicho, de hegemonía- de élites  o de clases, llámese oligarquía, burguesía o plutocracia.

Hoy debemos volver a reconocer que ha sido Hugo Chávez quien pudo derrotar a este poderoso enemigo destructor de conciencia de los pueblos que es el aparato cultural-ideológico de capitalismo. Alguna vez leí que este fenómeno se le llama “nemética, es decir, desalojar del imaginario colectivo los valores reaccionarios y llenarlos con los revolucionarios, algo así. Eso fue lo que logró Chávez desde aquel 4 de febrero de 1992 hasta su siembre el 5 de marzo d 2013.

Esa, su magistral fórmula, es la que necesitamos encontrar con urgencia ante la nueva y no menos desafiante etapa que se le abre a la revolución bolivariana a partir del 2016.

 

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