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Cuentería campesina, realidad o fantasía

Por Neisa Mesa del Toro*

Ciego de Ávila, Cuba (PL) La cuentería campesina es un tipo de oralidad propia de los hombres del campo en Cuba, principalmente de los que habitan en zonas muy alejadas del medio urbano y de difícil acceso.

Florece como forma de expresión que se trasmite de generación en generación y, aunque hoy la juventud la conoce poco debido a la emigración hacia las ciudades, aún padres y abuelos la utilizan como forma de distracción.

Nelson Aragón, investigador del tema, explica que la cuentería es un proceso en el que a las personas, a través de su interacción, comunicación y socialización en la comunidad, se les ocurren acontecimientos y se imaginan fantasías que más tarde convierten en información.

Esta manifestación forma parte de las raíces históricas y culturales de la nación, por ser reservorio de las costumbres y saberes del campesinado.

La oralidad se ubica entre las tradiciones más ricas en Cuba, y los cuentos, específicamente, retoman mitos, leyendas y proverbios que, con un contenido jocoso, resaltan vida, costumbres, comidas, y relaciones humanas y de trabajo de los habitantes de distintas comarcas.

Es como adentrarse en el mundo interior de esas comunidades rurales, de personas agarradas a sus raíces que, con un gran sentido de pertenencia, reflejan el entorno, su mundo rodeado de montes, cultivos, animales, árboles y distante del medio urbano.

El hombre de campo, a través de su imaginación, su fantasía y de hechos reales es capaz de contar historias, ciertas o no, de tal forma que al pasar los años se convierten en segmentos de la tradición cultural del país.

En la Isla existen muchas zonas en las cuales se desarrolla esta habilidad, pero, hasta ahora, el municipio avileño de Florencia se ha definido como el de mayor cantidad de historias, no solo por la presencia de cuenteros, sino también por ser el más investigado.

Allí funciona desde hace un tiempo la Casa de la Cuentería, una de las acciones del proyecto Cuentarriba, que persigue el rescate y la permanencia de las costumbres orales de los hombres y mujeres del campo.

El inmueble imita al bohío, vivienda típica de los habitantes de tierra adentro, fabricada con el techo de guano y las paredes de tablas de la palma real (árbol nacional de la Isla), abundante en la campiña cubana.

El mobiliario también refleja ese ambiente, con taburetes (asientos confeccionados de madera y cuero), y otros utensilios  característicos del contexto rural.

La Casa, sede de la Cátedra de Cuentería Campesina y Tradicional, única de su tipo en Cuba, fue fundada en 2009 por el destacado poeta cubano Waldo Leiva, y su presidente actual es el investigador avileño Nelson Aragón.

En Ciego de Ávila, a unos 430 kilómetros al este de La Habana, existen otras zonas donde se ejerce esa práctica; por ejemplo, en el poblado de Violeta, del municipio de Primero de Enero, donde radica una comunidad haitiana que, con Félix Nicanor al frente, realiza espectáculos de cuentos en español y creole.

También, recientemente en Florencia se reunió más de una treintena de cuentistas cubanos y mexicanos para celebrar el III Encuentro Nacional de Cuentería Campesina y Tradicional, para intercambiar sobre las fabulaciones de la campiña.

El encuentro tuvo entre sus propósitos ofrecer la información recopilada, salvaguardar el patrimonio inmaterial cubano, hacer un reconocimiento a la comunidad agraria y rescatar personajes populares de cada región.

LA CUENTERÍA EN CUBA

Según Aragón, en Santiago de Cuba cuenta con fuerte arraigo la cuentería urbana y como figura emblemática citó a Francisco Ramón Martínez, un estudioso del tema y autor del libro sobre Personajes Populares de la oriental provincia.

También es de esa región el muy conocido es Juan Carlos Tamayo, considerado el mejor cuentero en décimas de la nación.

Precisamente en el poblado San Luis, años atrás se celebraba el evento El Platanal de Bartolo, cuya esencia era el cuento, pero desapareció, presuntamente por insuficiente apoyo.

En el municipio de Majibacoa, de Las Tunas, la Cátedra Iberoamericana de la Décima hizo un buen trabajo, pero ha decaído, se aduce que por una razón semejante.

Otras regiones de la Isla donde se practica esa habilidad son Cienfuegos, con Adolfo Vega, investigador y cuentero; y la ciudad de Colón, en Matanzas. La industria azucarera fortalece el cuento cubano, pero con un acento africano, debido a la existencia de personas provenientes de aquellos ancestros.

No obstante, Florencia es el lugar de referencia nacional, porque mantiene su gran tradición en ese tipo de narración oral, cuenta con el proyecto Cuentarriba y posee más de siete años de experiencia en la Cátedra de cuentería, cuyos integrantes han realizado varias investigaciones sobre la temática.

De acuerdo con criterios de Aragón, el fenómeno forma parte de la idiosincrasia y de las prácticas campesinas, no solo en Cuba, sino también en muchos países de América Latina, sobre todo en las comunidades autóctonas e indígenas.

Por tal motivo la cátedra cubana mantiene relaciones de trabajo con México, Argentina, Colombia, Uruguay y Costa Rica.

LEYENDAS O FANTASÍAS

Existen muchas leyendas con origen real, aunque en sentido general están llenas de fantasía e imaginación, un ejemplo lo tenemos el mito de La Gritona.

Según estudio de Aragón e a finales de la Guerra de los diez años (1868-1878) en Cayo Jacinta, comunidad del noroeste avileño, una escuadrilla del ejército Español asesino a siete mujeres.

Entre aquellas había una embarazada, a quien le abrieron el vientre y le extrajeron el bebé. Mas, fueron tantos los gritos de la señora, que estremeció a todos los habitantes de la comunidad.

Desde entonces se predice, ante una persona muy enferma, que  fallecerá si los vecinos perciben una rara ave volando y profiriendo sonidos escalofriantes.

La leyenda parte de aquel hecho verídico, pues existen las siete tumbas en el lugar, pero con los años la fábula se cuenta con tanta firmeza que se la ha convertido en suceso reiterado.

Otra anécdota ocurrió en el municipio de Colón, donde se dice que un perro llamado Moncada, muy querido en el pueblo, se echaba debajo de la cama de algún vecino en su lecho de muerte, a esperar el inminente fallecimiento.

Luego acompañaba el féretro hasta el enterramiento del cadáver en el cementerio de la localidad.

Tal fue el cariño prodigado al can que, cuando este murió, le dispensaron todos los honores propios de la ocasión, en el mayor sepelio ocurrido en el pueblo.

 

* Corresponsal de Prensa Latina en Ciego de Ávila.

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