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Cuando el imperio cobra con sangre los anhelos de libertad

Verónica Díaz Hung

Hoy Libia está fragmentada, destrozada por incalculables milicias armadas y demolida por la guerra. Su petróleo ya no le pertenece al otrora país más desarrollado del África, en donde existen dos gobiernos, y se contabilizaban más de 30 mil muertos desde la invasión protagonizada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, por sus siglas en inglés) que se ejecutó en febrero de 2011.

Según datos de las Naciones Unidas, unas 434 mil personas han sido desplazadas y 500 mil libios intentan migrar a Europa huyendo de la destrucción que dejó la OTAN para acabar con la Revolución Verde, liderizada por Muammar al-Gadafi

Antes de la invasión, Libia era el noveno productor de petróleo de los países de la OPEP y el segundo de África después de Argelia, con una producción de 1.6 millones de barriles, de los cuales exportaba cerca de 1.4 millones. El país era apetecido gracias sus reservas de 46 mil millones de barriles de petróleo, las más importantes del norte de África, significando el 3,4% de las reservas mundiales, que además son fáciles de transportar a Europa. Se trata de un petróleo de muy bajo costo de producción y altísima calidad. Existe además una importante reserva de gas y posee un potente acuífero.

Quizá por esta razón los aliados de la OTAN a través de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU decidieron que Libia debía ser ocupada para “garantizarle estabilidad y seguridad” a su pueblo, el típico discurso de occidente cuando quiere invadir una nación libre, que se está desarrollando y vive en paz.

Génesis

Libia fue un país desértico, donde originalmente vivían los beduinos y algunas tribus berebere, a principios del siglo pasado. Era una nación ocupada por el expansionismo italiano.

Charles Giuseppi, politólogo, internacionalista y profesor de la Universidad Central de Venezuela (UCV), relata que para aquel entonces Italia era una potencia de segunda categoría que necesitaba expandirse, por lo que emprendió una gran marcha sobre Libia, logrando promover una factoría colonial que duraría hasta 1951, cuando el país africano obtuvo su independencia formal, aunque quedaría en manos de un gobierno títere dominado por las transnacionales que sabían que en ese territorio de arena habían grandes cantidades de petróleo e importantes reservas de minerales, pero paradójicamente era el país más pobre del mundo.

Mandaba el rey Idris I, que tenía fuertes conexiones con el gobierno británico y con los Estados Unidos. Pero en 1969 ocurre una revolución protagonizada por los llamados oficiales libres, encabezada por el coronel Muammar al-Gaddafi, que coincidió con los procesos de liberación del África subsahariana. Nacía la nueva República Árabe Libia con el lema “libertad, socialismo y unidad”.

Giuseppi explica que Libia pertenece al África norsahariana, caracterizada por su vertiente hacia el mar mediterráneo y su cercanía con las potencias europeas, en especial Francia e Italia.

El coronel Muammar al-Gaddafi sustituyó la monarquía por un sistema socialista conocido como Yamahiriya (“Estado de las masas”), donde el pueblo ejercía el poder a través de la participación directa y protagónica, basado en el panarabismo y el islam.

El académico explica que el líder libio fue el gran artífice de un movimiento de transformación de su país, que fue conocido como la Revolución Verde, por lo que se convirtió en el gran enemigo de los países occidentales que nunca buscaron el desarrollo de los pueblos.

Durante la Revolución Verde la educación pública en el país pasó a ser gratuita y la instrucción primaria se decretó como obligatoria para ambos sexos. La electricidad se convirtió también en un servicio público gratuito. Y se instauró un sistema de salud pública, accesible a todo el pueblo. Bajo el mandato de Gadafi, el ingreso per cápita en el país creció a más de US$ 11 mil, el quinto más alto en África. La expectativa de vida se elevó a 74 años y el índice de mortalidad infantil era de 18 por mil. La alfabetización subió de 5% a 83%, mientras que el analfabetismo se redujo a 5,5%. Los préstamos para los ciudadanos libios se otorgaban sin intereses y se ayudaba a otros países necesitados con bajas tasas de interés. Los recién casados recibían un bono de 50 mil dólares para comprar una casa, y se otorgaban préstamos de 50% para la adquisición de vehículos. A los agricultores el gobierno les asignaba tierras, vivienda, herramientas, semillas y ganado para constituir sus propias granjas.

Libia no tenía deuda externa y contaba con unas reservas equivalentes a 150 mil millones de dólares durante la gestión de Gadafi, que se las repartirían los aliados de la OTAN luego de la invasión.

Gadafi transformaría a Libia en la mejor economía petrolera de África, ya que el petróleo fue usado como un medio de financiar el desarrollo económico y social.

El profesor Charles Giuseppi, explica que Gadafi lograría meter en cintura a las compañías petroleras. El líder libio nacionalizó los fondos de la British Petroleum en Libia y retiró fondos por aproximadamente US$ 550 millones invertidos en los bancos británicos.

– Cuando Gadafi nacionalizó la compañía petrolera e impuso un régimen concesionario menos favorable a las otras petroleras, se convirtió en un problema para los intereses hegemónicos del occidente.

En los años 80 el líder libio se salvó milagrosamente de ser asesinado porque se encontraba en una tienda cuando el palacio presidencial fue bombardeado por órdenes de la administración de Ronald Reagan. No obstante, una de sus hijas perecería durante ese ataque que Estados Unidos adjudicó a la lucha contra el terrorismo.

El 21 de diciembre de 1988 un Boeing 747-121 de la compañía estadounidense Pan American World Airways explotó en el aire. Los restos cayeron sobre la ciudad escocesa de Lockerbie y murieron las 259 personas que viajaban a bordo y 11 personas más en tierra. El hecho sería adjudicado a Gadafi por los servicios de inteligencia occidentales.

Y aunque nunca se comprobaría su autoría, Gadafi canceló una indemnización a los familiares de las víctimas, negociada con el gobierno británico, bajo la diplomacia de chequera que aplicaría el líder libio en su afán de acercarse al occidente. También colocaría en los bancos europeos cerca de 200 mil millones de dólares, y sería uno de los grandes financistas de la campaña de Nicolás Sarkozy, por lo que algún tiempo logró fotografiarse en términos amistosos con sus otrora enemigos y posteriores asesinos.

– Gadafi entendía que la política se hacía con dinero y creía que el desarrollo de Libia como país potencia tenía un costo, por lo que a través del dinero del petróleo logró comprar algunas lealtades para mantenerse en los escenarios del poder.

¿Por qué se acelera la caída de Gadafi?

– En el 2011 Europa venía de una profunda crisis del sistema financiero que mandó a la calle a centenares de trabajadores en España y Portugal. Se redujeron las pensiones y retrocedieron los avances sociales que se habían obtenido luego de la Segunda Guerra Mundial. El estado de bienestar francés comenzó a desmantelarse. La crisis de los mercados especulativos pasó a la economía real. Para enfrentar el caos se buscó estimular la participación de las compañías petroleras en sectores estratégicos y lo primero que se hizo fue invadir a Libia.

Entonces se preparó un ardid comunicacional, como suele hacerse en estas ocasiones, y una todopoderosa maquinaria mediática criminalizó nuevamente al recién redimido Gadafi, y finalmente se decretó en el año 2011 una zona de exclusión aérea que para principios de 2012 condujo a un bombardeo masivo de las ciudades libias. La excusa fue “ayudar al pueblo a instaurar la democracia”.

En aquel momento crearon un artificio político que llamaron el Consejo Nacional Libio de Transición (CNT), al que todas las potencias reconocieron de facto como una fuente de poder distinta a la legitimidad de Gadafi.

Pero esta vez la beligerancia de la geoestrategia no la asumió Estados Unidos, fue irónicamente Francia, luego de que su presidente hubiese recibido cuantiosos fondos del gobierno que ahora intentaba derrocar.

A Francia se le reconoció su rol como potencia neocolonial en un área que había sido el África occidental francesa, también conocido como el Magreb, conformado por Mauritania, Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Sahara Occidental.

A 17 días de los bombardeos de la OTAN se contabilizaban unos 2 mil muertos. Bengasi, que llegó a ser la perla del mediterráneo, hoy está sumida a escombros.

Fue un ataque en donde participaron mercenarios sembrados, lo que explica que ese supuesto movimiento político no haya logrado conquistar el poder.

– Esa es la prueba de la incapacidad y poca legitimidad que significaba ese movimiento, que no ha representado nunca los intereses independentistas del pueblo libio, como suele decir occidente, porque es muy diferente erigirse como un movimiento de liberación nacional que toma el poder para la independencia y desarrollo de su país, y algo muy distinto es sembrar mercenarios para fabricar una guerra de laboratorio, destruir un país, asesinar a su presidente y luego tratar de “reconstruirlo” con las empresas extranjeras de las naciones invasoras.

El profesor Charles Giuseppi explica que uno de los grandes lugartenientes de esa ocupación fue Bernard-Henri Lévy (BHL), un sionista que aconsejó a Nicolas Sarkozy sobre la necesidad de la destrucción del pueblo libio y de la muerte de centenares de civiles. Cerca de 40 mil detonaciones recibió el pueblo libio durante aquella invasión, en la que desembarcaron cerca de 12 mil marines que se apoderaron de los puertos de distribución y controlaron la refinería de Bengasi, una de las más importantes del norte de África.

– El 20 de octubre de 2011 la OTAN capturaría a Gadafi y sin ningún tipo de ética lo entregó a unos mercenarios para que lo ejecutaran frente a los medios de comunicación. Fue la barbarie política más inefable por parte de las potencias hegemónicas de occidente, reflexiona el académico.
El caos como estrategia

Cuando una potencia quiere apoderarse de los recursos naturales de un país, existen dos escenarios, uno es imponer un gobierno títere estable que represente los intereses neocoloniales. Pero hay una doctrina militar norteamericana, la doctrina Brzezinski, que plantea crear el caos y sobre el caos mantener relativas formas de control. Y eso fue lo que ocurrió en Libia.

– Hoy la situación es muy crítica y hay una fuerte imposibilidad para lograr la paz y estabilizar el país, porque es un país completamente ocupado por los llamados movimientos “rebeldes”, algunos cercanos a Al Qaeda. Mientras que sus recursos depositados en bancos de occidente fueron despojados por las potencias invasoras.

En este caos, compañías angloestadounidenses, francesas e italianas, controlan el petróleo libio.

Se estima que el 80% de las reservas petroleras libias se encuentran en la cuenca del golfo oriental de Sirte, donde fuerzas extranjeras le proporcionaban apoyo militar secreto a los mercenarios. La siguiente acción de estas fuerzas irregulares, apoyadas por Estados Unidos, fue crear un nuevo banco central propiedad de la dinastía de la familia europea Rothschild, que es dueña de la mitad de la riqueza del mundo, fortuna que proviene de la especulación financiera y de los préstamos con altos intereses.

Desde el 20 de octubre de 2011 Libia es un país a merced de grupos mercenarios y todavía continúa a la espera de los principios “democráticos” que Estados Unidos prometió instaurar. Hoy hay dos primeros ministros, hay dos parlamentos, y dos ejércitos formales, que desde dos ciudades separadas por más de 1.300 kilómetros luchan por el control del país. Una de las administraciones está en manos del primer ministro Abdullah Al Thinni, quien ha sido reconocido como el mandatario de Libia por la comunidad internacional. Su administración se encuentra en la ciudad de Tobruk, pero no controla ninguna de las tres principales ciudades libias. El otro gobierno está radicado en Trípoli, su capital y la ciudad más habitada del país, y está en manos de la organización “Fayer Libia” que en 2014 instauró el llamado “gobierno de salvación”.

Gadafi fue un hombre de peso por el respaldo moral que le dio a su pueblo, logrando convertir un desierto en un país desarrollado, aprovechando los recursos petroleros para apalancar ese desarrollo. Fue una voz contundente en los esquemas de integración regional, como la Unión Africana (UA, o AU). Fue un interlocutor entre muchos de los países de África. Tuvo una relación cercana con el Presidente Chávez y se identificó con él en muchos aspectos. Pero el precio de querer ser libre e independiente hoy en día se paga con sangre.
Venezuela posee las principales reservas de crudo del planeta, ¿existen condiciones similares a las que condujeron a la destrucción de Libia?

– Las analogías existen, pero el contexto es completamente diferente, porque América Latina no es el norte de África. América Latina está muy consciente de que una posible intervención militar de Estados Unidos en cualquiera de sus países significaría la pérdida de todos los logros que hemos conquistado. Se trata de un continente con un importante reconocimiento de la comunidad internacional de su vocación democrática. Es un territorio de paz, abocado a la integración regional. Y hay una voluntad expresa de unidad. Pienso que en el caso de América Latina la tienen más difícil, sin embargo, no podemos vacilar.

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