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Constituyente: con todo y por todo

*Miguel Ugas

Como es del conocimiento general, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, fundamentado en la potestad que le confiere la CRBV, en su artículo 348: “La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrán tomarla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional…; los Concejos Municipales…; o el quince por ciento de los electores inscritos…”, ha tomado la decisión de activar el Poder Originario del Pueblo, convocando la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Para materializar tan transcendental decisión, el Jefe del Estado, siguiendo la normativa, hizo entrega, en acto público, al Consejo Nacional Electoral, del respectivo Decreto, con lo cual se da inicio, formalmente, al nuevo proceso constituyente, que, como han sostenido distintos voceros del gobierno bolivariano y del PSUV, tiene como finalidad establecer bases para garantizar la paz social, ampliar los alcances de la vigente Constitución y profundizar la transformación del Estado, acoplándolo a los cambios que se han venido operando en la sociedad venezolana en los albores del siglo XXI, en el marco de la Revolución Bolivariana.

Sencilla instrumentación

Este nuevo proceso constituyente es más sencillo, en su instrumentación, que el anterior, el de 1999, pues, al estar contemplado el mecanismo procedimental, en la CRBV, hace que su convocatoria sea más expedita, aún cuando, evidentemente, en esta oportunidad, el escenario en el cual está planteado se caracteriza por una mayor tensión política, básicamente, a consecuencia del empecinamiento de la oposición, de sus sectores más ultra derechistas y de quienes los monitorean desde el exterior, de pretender el poder por el atajo de la insurrección con injerencia extranjera, antes que por la vía pacífica electoral, que, si bien, medianamente la enarbolan no deja de ser más que un señuelo distractor.

Efectivamente, en contrapartida a la iniciativa del Presidente Maduro, orientada a propiciar la paz entre los venezolanos, la oposición derechista radical ha optado, desde el mismo instante en que fue formulada, por desmarcarse de la propuesta constituyente, arreciando el plan desestabilizador que, concienzudamente, vienen ejecutando, desarrollando guarimbas y acciones vandálicas y terroristas.

Nueva treta

Esta disparatada oposición que hace apenas unos meses consideraba que la constituyente era uno de los mecanismos más idóneos para desplazar a Maduro de Miraflores, ahora, de plano la rechazan, como rechazaron también el llamado a las elecciones regionales que, recientemente, les hiciera el Presidente y, así mismo, rechazaron y boicotearon, con argumentos baladíes, la política de diálogo propuesta por el gobierno nacional.

Ahora vocean una nueva treta distractora, las elecciones generales para el 2017, a sabiendas que tal propuesta es inaceptable y está viciada puesto que las elecciones presidenciales, constitucionalmente, corresponde hacerlas para el final del período presidencial, en el 2018; pretendiendo imponerla como matriz de opinión tanto nacional como internacionalmente, de tal forma, de contraponerla como bandera política a la propuesta de la Asamblea Constituyente.

Y, mientras tanto, persisten en manifestaciones de calle combinadas con acciones vandálicas y terroristas, de clara factura fascista, apuntando al desgaste del gobierno y a presentar, mediáticamente a Maduro como un dictador que encabeza un gobierno represor, incapaz de dar respuesta a los acuciantes problemas (en gran medida inducidos) que padece el pueblo venezolano; es decir, la idea sería procrear la imagen de un país sumergido en el caos, que para su estabilización requiere la emergencia de ayuda humanitaria que implicaría (como ya ha sucedido, recientemente, en otros países) la consabida intervención militar extranjera.

Irresponsable actuación que habría de conducir irremisiblemente a una guerra civil, cuyas terribles consecuencias poco le importaría al extranjero invasor pero que naturalmente lo padecería, en demasía, el pueblo venezolano en general tanto el del campo opositor como el bolivariano sin excluir a quienes hoy mantienen una postura de expectante neutralidad.

Tufillo

Por cierto, frente a este cuadro nada deseable, luce pertinente comenzar a preguntarle a los sectores del llamado chavismo disidente cual sería su posición, en la hora de las chiquiticas, ante un eventual zarpazo yanqui, pues, a la fecha han venido adoptando una política que quieran o no termina por arrimar la brasa a la candela opositora; eso de considerar, por ejemplo, “que la medida de salida de la OEA es revolucionaria, pero quienes la tomaron no son revolucionarios” o “Maduro…en el marco de la Constituyente…inicia un período dictatorial”, es de un tufillo tan oloroso al que expide la derecha apátrida, que hace presagiar fundados temores.

El camino a seguir

Pero, el camino a seguir está claro. Hay que mantener y desarrollar la propuesta constituyente que tiene plena pertinencia y está en concordancia con la idea, no de sustituir la Constitución vigente, sino de profundizarla en el camino que trazó el mismo Chávez. Maduro marcó la pauta cuando dijo que, con la Constituyente, le retornaba el poder al pueblo.

Por ese camino hay que ir con todo: a enfrentar con mano dura la insurrección fascista y la injerencia extranjera, a combatir con mayor contundencia la guerra económica y hacer realidad la congelación de precios con la participación directa y protagónica del pueblo. Y por ese camino hay que ir por todo: a la construcción del Estado de Bienestar Social, constitucionalizando las Misiones Sociales; al fortalecimiento del Poder Popular, profundizando la democracia participativa y protagónica; a la afirmación de la identidad y la soberanía nacional y a la construcción del modelo económico post rentista. Sí, el camino es la Constituyente para redoblar el paso hacia el socialismo bolivariano del siglo XXI.

 

*miguelugas@gmail.com

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