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Ciencia y literatura, más unidas que nunca en el Ivic

«Saludos, precioso pájaro / Y no abandones el oro de las plumas / entre aquellas nubes / ni pierdas el canto en el dominio de los truenos / No sea que pases del cielo / y quedes preso en los astros».

Amena pero elegante. Mezcla de vivencias genuinas, imaginación creadora y referencias cercanas a la naturaleza en la que vivimos. Así era la poesía inspiradora de Ramón David Sánchez Palomares (1935-2016), nacido en Escuque, estado Trujillo, poeta del pueblo y también del mundo.

El legado de Palomares, sin dudas, traspasó las fronteras físicas, pues además de recibir el Premio Nacional de Literatura en 1975, ganó el primer Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora en 2006 y el Premio Iberoamericano de Literatura en 2010.

Su palabra invitaba constantemente a la emoción, al cambio, a la acción y a la creación. De allí que el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic) escogiera su nombre para bautizar una Sala de Lectura recientemente inaugurada en la Biblioteca Marcel Roche (BMR).

“El lenguaje es un medio para trascender y construir la historia. La ciencia tiene una afinidad enorme con el devenir artístico. Que podamos unir en un mismo espacio estos dos mundos de manera simbólica, significa que la sociedad está cambiando”, afirmó Eloy Sira Galíndez, director del Ivic, en la apertura al público de la Sala de Lectura Ramón Palomares.

Ubicada en el piso 1 de la BMR, este nuevo refugio facilitará el encuentro entre la literatura y la academia, las letras y las ecuaciones, la poesía y la investigación científica, el sentimiento y la razón.

De acuerdo con Sira, la poesía es una de las manifestaciones humanas que conceden la mayor libertad y el acceso al propio ser. “El poeta se sienta sobre la verdad, la saborea, mientras que el científico la busca y trata de revelarla. Esa aparente diferencia en el fondo termina siendo exactamente lo mismo”, precisó.

Parte de la obra del poeta trujillano, así como literatura venezolana, latinoamericana y universal, conforman la colección de libros donada a esta sala por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios de Bibliotecas (Iabnsb), el Centro Nacional del Libro (Cenal), el Fondo Editorial Ipasme, la Monte Ávila Editores, trabajadores del Ivic; el cronista oficial del municipio Los Salias del estado Miranda, Antonio Trujillo; y usuarios de la BMR.

Confluencia de saberes
La Sala de Lectura Ramón Palomares “tiene el propósito de despertar e impulsar vocaciones hacia las artes y las ciencias, promover el pensamiento crítico e innovador, inspirar y formar a la ciudadanía en el uso ético y creativo del poder de investigar, pero también de contar historias”, señaló la jefa de la BMR, Ana Caldera.

Para la experta en bibliotecología, es un verdadero hito contar con un área exclusiva de literatura en una biblioteca científica. Un lugar alternativo “para una aventura intelectual y el encuentro de científicos, escritores, artistas, investigadores, humanistas de diversas disciplinas y público general, con el fin de generar nuevas preguntas desde todas las orillas del conocimiento”, acotó.

En ese sentido, la sala servirá de escenario para la realización de talleres de poesía y narrativa, exposiciones de pintura y fotografía, foros, charlas, conferencias, actividades conmemorativas, presentaciones de libros, entre otras actividades culturales.

Durante la ceremonia de inauguración, bautizada como El encuentro de las palabras, el poeta Luis Alberto Crespo, presidente de la Fundación Biblioteca Ayacucho, recordó que la poesía “siempre es diálogo, nunca consumo solitario de ermitaños, como tampoco lo es la ciencia. El científico no vive solo en su laboratorio, no está encerrado en su conocimiento personal; es un hombre responsable de lo que ocurre en el mundo y sobre todo en su región”, comentó.

El ganador del Premio Nacional de Cultura en la categoría de Literatura igualmente aseguró que, citando a Ramón Palomares, no había diferencia entre el Teorema de Pitágoras y un soneto, “porque una palabra mal colocada, una fórmula mal resuelta, destruye todo el conocimiento y toda la emoción; además, no hay conocimiento sin emoción. Y eso es poesía. Hay que insistir en la alianza entre la poesía y la ciencia, entre la emoción y la razón”, sostuvo Crespo.

Un recital poético, bautizado como El reino combatiente: ofrenda a Ramón Palomares, cerró la ceremonia de apertura de la Sala de Lectura en la BMR, a cargo de los poetas Juan Calzadilla (Premio Nacional de Artes Plásticas de Venezuela), Belén Ojeda (egresada del Conservatorio Tchaikovsky de Moscú), Felipe Ezeiza (joven escritor de los Altos Mirandinos), Eloy Sira Galíndez, Antonio Trujillo y Luis Alberto Crespo.

“La poesía es el eco de la melodía del universo y del corazón humano. La historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debió haber sucedido. Con la poesía, uno encuentra camino en la oscuridad”, aseveró el investigador emérito del Centro de Química del Ivic, Ajoy Banerjee.

La Sala de Lectura Ramón Palomares puede ser visitada de Lunes a Viernes entre las 9:00 a.m. y las 3:00 p.m.

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