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Por Oscar Rojas
Por Oscar Rojas

“Cerco y asfixia” contra Venezuela

Por Luis Dávila

El internacionalista Vladimir Adrianza no tiene ninguna duda de que sobre Venezuela se ha organizado durante años un plan concebido al detalle para destruir a la Revolución Boliviariana. “Todas las piezas del rompecabezas encajan”, explica, al tiempo que se apoya en múltiples referencias bibliográficas para sustentar su teoría.

Sostiene que en los Estados Unidos comenzará el declive de su producción petrolera en el año 2019, lo cual lo lleva a buscar asegurarse para esa fecha el control de la mayor parte de los recursos energéticos mundiales, pues su estrategia de seguridad nacional se basa en seguir siendo el “gendarme del mundo” a pesar de los reiterados llamados de Rusia y China –que es ya la primera economía del planeta- para avanzar hacia la construcción de un mundo multipolar.

La segunda mayor reserva petrolera del mundo está ubicada en el Medio Oriente, específicamente en el reino de Arabia Saudita, sujeto desde hace décadas a diversas estrategias políticas y económicas que han culminado en el anuncio realizado a principios de este año de privatizar parte de su mayor corporación energética estatal: Saudí Aramco. La primera reserva petrolera del mundo está ubicada en América del Sur, específicamente en Venezuela, una nación que desde hace casi dos décadas lleva a cabo un proyecto político conocido como la Revolución Bolivariana y donde el control soberano de los recursos petroleros es un elemento clave. Para una nación que pretenda administrar a su antojo las enormes reservas energéticas de Venezuela es absolutamente necesario el quiebre del proyecto político construido por el comandante Hugo Chávez Frías.

Basado en estos principios geopolíticos, Adrianza analiza una “guerra no convencional por etapas” llevada a cabo contra Venezuela en toda su dimensión a partir del año 2013, pero que, de acuerdo a su visión, estaba planificada hasta el detalle con años de antelación, lo cual requirió un estudio pormenorizado de las características del modelo económico venezolano para enfocarse en sus debilidades y conseguir la ola de escasez inducida y especulación que hoy se vive en Venezuela y que en diciembre del año pasado le rindió un éxito a sus estrategas con la llegada de las fuerzas de la derecha a la Asamblea Nacional.

“El ataque a las redes gubernamentales Mercal y Pdval con mecanismos de corrupción formó parte de toda este plan”, sostiene el internacionalista, quien asegura que los planes conocidos como Freedom 1 y Freedom 2, concebidos y ejecutados por el Comando Sur de los Estados Unidos, se inscriben dentro de un contexto en donde se busca desmontar los logros alcanzados por gobiernos progresistas en América Latina en los últimos años.

Punto de quiebre

En términos generales, la Revolución Bolivariana siempre ha estado bajo el ataque de las fuerzas que se oponen a los procesos de cambio, en donde las grandes mayorías salen beneficiadas en detrimento de las oligarquías locales. En el caso del presidente Hugo Chávez resultan claves los años 2002 y 2003, en donde incluso se llevó a cabo exitosamente un golpe de Estado que condujo por 48 horas a la presidencia a Pedro Carmana Estanga, principal directivo de Fedecamaras, antes de ser detenido luego de una reacción cívico-militar inédita en la historia política de América Latina que devolvió al poder al presidente legítimo.

La década siguiente representa un fortalecimiento para el naciente proyecto político, a pesar de que en ningún momento cesaron los ataques por todos los flancos, incluyendo la infiltración de paramilitares colombianos con el fin de ejecutar un magnicidio. En el ámbito económico resultó clave la estrategia petrolera, que culminó con la certificación de las reservas de crudo pesado y extrapesado de la Faja Petrolífera del Orinoco –hoy conocida como Hugo Chávez Frías- las cuales han resultado las mayores del mundo y que podría garantizar recursos energéticos hasta por 200 años al ritmo actual de consumo.

En el ámbito internacional, la Revolución Bolivariana comenzó su camino prácticamente sola en el escenario latinoamericano, pero en el transcurso de la primera década del siglo XXI, fue sumando aliados mediante procesos electorales en donde los partidos progresistas de la región obtuvieron importantes triunfos como en Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador.

Al llegar el año 2011, comienza un tiempo borrascoso en Venezuela, a partir del anuncio de la enfermedad del presidente Hugo Chávez que culminó en el año 2013 con la desaparición física del comandante eterno. “Era necesario quebrar el liderazgo para acometer un ataque total contra Venezuela”, explica Adrianza, quien está convencido de que el presidente Chávez fue asesinado probablemente a través de una traición interna, en un paso imprescindible para arremeter contra el proceso político venezolano por todos los flancos.

Los años de Maduro

Apenas el presidente Nicolás Maduro asume la primera magistratura, comienza un ataque político mediante el no reconocimiento de la victoria electoral del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Al mismo tiempo, empiezan a incubarse los procesos por los cuales estallará en pocos meses un desequilibrio económico que terminará en la escasez inducida y la especulación desbordada, mediante la cual se aspira generar una explosión social capaz de romper la unión cívico-militar, piedra angular de la Revolución Bolivariana.

“Como no se ha producido ese caos social, entonces quieren crearlo artificialmente a través de la acción de grupos paramilitares contratados por partidos políticos en zonas populares, pero se han encontrado con la rápida acción de las fuerzas policiales y militares que los han neutralizado”, explica el analista. Declaraciones de voceros gubernamentales dan cuenta de la detención de dirigentes de partidos de extrema derecha –como el caso de Voluntad Popular- vinculados a la organización de este tipo de eventos violentos.

Luego de la victoria electoral en las elecciones municipales del año 2014, el presidente Maduro convocó al diálogo y la respuesta se materializó en una estrategia de caotización social denominada “La Salida” que produjo cerca de 50 muertos y más de mil heridos. Sin embargo, luego de seis meses de disturbios en urbanizaciones del este de Caracas y algunas de las principales ciudades del país, la estrategia se agotó por la correcta contención de las fuerzas militares y el rechazo de los vecinos de las zonas afectadas, que terminaron repudiando a los grupos violentos. “La llamada Salida tuvo lugar al mismo tiempo que un revuelta apoyada por neonazis provenientes de Alemania derrocó al gobierno constitucional de Ucrania. En ese momento se intentaba equiparar la situación de ambos países para apoyar una salida similar en los dos casos” señala.

Derrotada la escalada de violencia, comenzó entonces un proceso de ataque económico que ha afectado a toda la población venezolana, caracterizado por la desaparición paulatina de productos de primera necesidad y el incremento desmedido del costo en los rubros cuyo precio no es controlado por el Estado. Al mismo tiempo, se inició el llamado “bachaquerismo” por el cual los bienes básicos subsidiados pasan de las redes comerciales tradicionales a una cadena de suministro paralela en donde productos como la harina de maíz, el arroz o el azúcar pueden encontrarse pero a precios especulativos que reducen la capacidad adquisitiva del salario.

La reacción

El analista sostiene que las recientes medidas tomadas por el presidente Maduro, especialmente la creación de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, son correctas, pero deben ir acompañadas con un ataque frontal contra la corrupción a todos los niveles para garantizar el debido uso de los recursos. “En este momento las leyes económicas están trastocadas porque se está aplicando una estrategia de guerra no convencional contra el país, por eso la respuesta debe ir en la misma dirección”, argumenta.

Expone los recientes casos de la transnacional Kimberly Clark y el operador financiero Citibank como una respuesta a las acciones gubernamentales y que buscan alcanzar la guerra total contra los venezolanos para lograr el objetivo de derogar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y abrir las puertas a la privatización de Petróleos de Venezuela (PDVSA), objetivo final de la estrategia imperial.

“En estos momentos la operación Freedom 2 define una fase denominada de cerco y asfixia, con la cual aspiran doblegar definitivamente la voluntad del pueblo venezolano, inducir a la inacción de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y finalmente, imponer un gobierno de sus agentes en el país, que puedan garantizar el control efectivo de los recursos naturales de Venezuela, en donde el petróleo está en primer lugar, pero también se incluyen enormes reservas de oro y coltán, para mencionar solo dos de los minerales presentes en suelo venezolano”, señala Adrianza.

No obstante, la creación de la Gran Misión Abastecimiento Soberano se dirige a romper esa estrategia, garantizando la correcta distribución de los alimentos a todos los venezolanos, con el objeto de impedir el “cerco y la asfixia” a la población.

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