Últimas Noticias
Home / Noticias / Asesinato del general Sandino, la creación de un símbolo

Asesinato del general Sandino, la creación de un símbolo

Por Francisco G. Navarro*

Managua (PL) Al borde sur de la Loma de Tiscapa, elevación que señorea sobre el centro histórico de Managua, una silueta del general Augusto César Sandino materializa el símbolo que creció con su asesinato el 21 de febrero de 1934.

El perfil de acero monolítico y 18 metros de altura constituye el punto de encuentro de las miradas que buscan un lugar de culto para un héroe sin tumba conocida.

La traición urdida por el director jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, y el embajador estadounidense Arthur Bliss Lane, cuajó la noche de aquel día, cuando el General de Hombres Libres terminó frente a un improvisado pelotón de fusilamiento y sus restos iniciaron el camino hacia lo incógnito.

La Loma de Tiscapa servía entonces de asiento a la Casa Presidencial construida justo en enero de 1931, donde Sandino y dos de sus lugartenientes asistieron, invitados por el presidente Juan Bautista Sacasa, a la que sería su última cena.

LAS SEGOVIAS: BASTIÓN DE RESISTENCIA

Augusto César Sandino inició la lucha en Las Segovias el 2 de noviembre de 1926, cuando al frente de un grupo conocido como Los Montañeses atacó un cuartel de los conservadores en el poblado de El Jícaro.

Más de seis años lideró el movimiento guerrillero en las montañas del norte de Nicaragua, hasta que el 2 de febrero de 1933, a un mes de retiradas las tropas intervencionistas estadounidenses, firma el Convenio de Paz con el presidente Sacasa.

El desarme del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) fue uno de los puntos del armisticio, que exceptuó de la disposición a un grupo de 100 hombres encargados de la protección del jefe y el núcleo de dirección de la fuerza guerrillera.

Ya para entonces, y a la par con la retirada de las tropas estadounidenses,  había asumido funciones absolutas la Guardia Nacional, cuerpo armado cuya función era mantener el status quo, y al frente del cual fue designado desde el 1 de enero de 1933 el general Anastasio Somoza García.

La presencia de Sandino en Managua en la fecha aciaga del 21 de febrero de 1934 era la tercera durante el período posterior a la firma de la paz.

En todas las ocasiones sus estancias en la capital estuvieron relacionadas con reclamos sobre persecución y asesinatos cometidos por la Guardia contra sus antiguos compañeros de armas.

Las relaciones entre Sandino y Somoza eran muy tensas al momento, a pesar de la reciente foto conjunta, con sus respectivas indumentarias militares, que luego intercambiaron con sendas dedicatorias.

Al atardecer, el hombre que había derrotado la intervención extranjera en compañía de sus generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor más su padre, Gregorio Sandino, se trasladaron a la casa de gobierno en Tiscapa invitados a una cena con el presidente de Nicaragua.

PACTO DE SANGRE

Más o menos a la misma hora se estaba firmando lo que la historia recoge como el Pacto de Sangre, en la oficina del jefe director de la Guardia Nacional.

Del encuentro esa tarde con Bliss Lane en la embajada estadounidense Somoza salió con el plan de eliminar físicamente a Sandino, y para poner en marcha el operativo citó a un grupo de 15 subordinados de la mayor confianza en su despacho.

El futuro dictador de Nicaragua les planteó la tarea de ejecutar al héroe de Las Segovias, y aclaró que tenía el apoyo incondicional del embajador norteño.

Al capitán Francisco Mendieta le encargó la redacción de un documento de aceptación y compromiso con la misión homicida. Todos los presentes lo firmaron, menos el cerebro del designio.

Eran las siete de la noche. La cuenta regresiva vital de Augusto César Sandino se puso en marcha. Apenas le quedaban cuatro horas.

Alrededor de las 10, a la salida de la casa presidencial, tras la cena con Sacasa, Sandino y sus acompañantes, entre ellos el ministro de Agricultura Sinfonías Salvatierra quien lo hospedaba en Managua, fueron interceptados por una patrulla emboscada en el Campo de Marte, muy cerca de la mansión ejecutiva.

Mientras, Anastasio Somoza asistía en el propio Campo de Marte a un recital de la poetisa peruana Zoila Rosa Cárdenas, quien recitaba versos de Rubén Darío.

Los acontecimientos y escenarios se sucedieron con celeridad: traslados a bordo del camión Guardia Nacional Número Uno por la cárcel de El Hormiguero, casa del ministro Salvatierra, y el antiguo campo de aviación de Xolotlán, en el extremo oriental de la Managua de entonces.

En el penal separan del grupo a Gregorio Sandino y al titular de Agricultura, en el posterior ataque a la residencia de este último mueren el coronel Sócrates Sandino, medio hermano del general, y un niño de 10 años.

Al propio tiempo Sandino, Estrada y Umanzor son alineados frente a un muro. Solo medió un breve diálogo con sus ejecutores antes de caer acribillados.

Para completar la traición creyeron necesario ultrajar los cadáveres, despojados de sus prendas y enterrados en fosa colectiva cavada por presos comunes, que según la leyenda corrieron luego la misma suerte.    Pasaron 11 años y en medio de un período de inestabilidad política Somoza ordenó la exhumación de los restos de su tumba clandestina.

Llevados los huesos de los héroes a la hacienda Santa Feliciana, propiedad del dictador al sur de la laguna de Tiscapa, sobrevino la cremación y el esparcimiento de las cenizas en un sitio donde ahora existe la micropresa de Los Gauchos.

A “Tacho” Somoza le asaltaba el temor de que aquellas osamentas se trasmutaran en símbolo.

El emblema temido finalmente se armó en acero monolítico sobre la cumbre de Tiscapa, pero mucho antes en los fusiles que desde 1961 hasta el 19 de julio de 1979 empuñaron otros guerrilleros, los del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

*Corresponsal de Prensa Latina en Nicaragua

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*