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Al negar la guerra económica, laureados economistas desconocen la existencia malévola del imperialismo estadounidense

*Miguel Ugas

La presente situación económica del país es crítica, así lo entienden bolivarianos y opositores; sin dudas, esta es una percepción en la que los analistas de las más diversas posturas políticas y teóricas coinciden, aún cuando, como es natural, existen variadas gradaciones en su valoración y en la ubicación de las causas que la originan.

En la caracterización de la emergencia económica venezolana, de sus causas y consecuencias, hay dos grandes líneas de interpretación, ambas fundamentadas en elementos de orden estructural como coyunturales.

Avatares de la vida

Por un lado, se manifiesta, la de quienes consideran que se está en presencia del fracaso estructural del modelo económico socialista que ha pretendido instaurar el gobierno chavista, instrumentando políticas macroeconómicas de corte cambiaria, monetaria y fiscalista que lejos de favorecer el desarrollo económico del país ha generado, más bien, un estancamiento del proceso productivo, que se expresa en la pronunciado caída de los indicadores económicos (alta inflación, baja productividad, creciente déficit fiscal, elevada deuda externa, excesivo gasto público, etc.,) y que, a su vez, se reflejan en el ámbito social (aumento de la pobreza, alarmante inseguridad, deterioro de los servicios públicos, etc.).

En fin, desde esta perspectiva, indican que ha fracasado el gobierno con su modelo económico socialista el cual, remarcan,  lo que ha generado es “penuria, escasez desbordada, merma del poder de compra de los salarios, colas, caos y desabastecimiento”. situación esta que tiene al país al borde del colapso, de donde se desprende, según los postulantes de este enfoque, la necesidad inminente de la salida del gobierno, para lo cual han activado un plan político que se ha potenciado desde el momento en que asumieron el control de la Asamblea Nacional.

En este enfoque coinciden, en líneas generales, tanto los dirigentes gremiales empresariales de Fedecámaras, Conindustrias, Consecomercio, Venamcham, etc., como economistas y dirigentes políticos opositores derechistas; pero, también, hay que incluir, no faltaba más, a laureados economistas que, en el pasado, no muy lejano, asumían posiciones de izquierda o así aparentaban y que, por esos avatares de la vida, ¡vaya usted a saber!, hoy comparten el criterio de que todo lo que acontece en el país es consecuencia del fracaso del legado de Chávez al cual habría que echar a un lado  y sustituirlo por un modelo basado en la economía de mercado, es decir, por un modelo netamente capitalista y neoliberal.

Cerca de 100 años

La otra línea de interpretación es, naturalmente, la que expresa el chavismo que se sustenta en el reconocimiento de que efectivamente el país se encuentra en una coyuntura de emergencia económica que tiene su razón de ser, principalmente, en el fracaso y agotamiento del modelo económico vigente, que no es precisamente socialista, como pretenden hacer ver los adversarios opositores sino que está basado en la economía capitalista, rentista y dependiente, que, justamente, debe ser superada y para lo cual se impone su transformación en un modelo productivo que trascendiendo el rentismo  petrolero haga posible ir estableciendo las bases de una nueva sociedad, fundada en nuevos valores humanistas y cuya centralidad sea indiscutiblemente el ser humano y no el capital.

 

Ardua y decisiva tarea estructural dado que el rentismo está aposentado en la sociedad y economía venezolana desde hace cerca de 100 años y sus secuelas improductivas están muy arraigadas en las relaciones sociales y en la formación cultural del ser venezolano; ya en la década de los años treinta del siglo pasado se enarboló la consigna de la “siembra del petróleo”, como requisito para dar el salto hacia la diversificación del desarrollo nacional, reto aún no alcanzado pero en el que, a nuestro juicio,  en estos 17 años del período chavista se han concretado pasos importantes en esa dirección, como es el caso de haber sellado, por fin, el control soberano  de la industria petrolera por parte del Estado venezolano para convertirla en eje impulsor de la diversificación productiva no petrolera del país.

Sobre esa base es que se concibe y diseña el Plan de la Patria Simón Bolívar que reafirma la independencia nacional y la decisión colectiva de ir forjando la sociedad socialista que ya tiene un camino adelantado en las políticas sociales bolivarianas orientadas hacia la redistribución del ingreso nacional con criterios de equidad y justicia social y en la construcción del poder popular

Rol relevante

Por supuesto que se está ante una coyuntura compleja en materia económica, con todo su mar de calamidades, en la que ocupa rol relevante la guerra económica como parte del asedio  guerrerista no convencional que el imperialismo y sus acólitos le tienen declarada al país y a su gobierno bolivariano, cuyo única falta ha sido la determinación de mantenerse firme en la defensa de los intereses del pueblo y de la nación venezolana y leal al legado histórico de nuestros libertadores.

Guerra económica con la que la burguesía apátrida y la oposición paraopositora pudieron imponerse en las pasadas elecciones parlamentarias a base de especulación, acaparamiento y desabastecimiento de productos y con la que ahora, profundizándola, pretenden agudizar la desestabilización del país para hacerse, al fin, del control político del mismo.

Guerra económica a la que el gobierno bolivariano y las fuerzas políticas, y eso hay que asumirlo también, no supieron hacerle frente, pero de la que se aprende, como en toda confrontación de clases, con balance y reflexión, para empinarse y superar las fallas y deficiencias.

Guerra económica ante la cual encumbrados economistas como Felipe Pérez Martí y José Guerra, ayer fogosos luchadores por la causa de los más débiles hoy la contradicen para no reconocer la existencia malévola del imperialismo.

 

*miguelugas@gmail.com

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