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Abstención opositora: torpeza o jugarreta política o sumisión antipatriótica

*Miguel Ugas

 La oposición venezolana, o mejor, el grueso de ella, ha tomado una vez más una desatinada posición política: ha optado por abstenerse de participar en las elecciones de alcaldes y de gobernador del estado Zulia convocadas por la Asamblea Nacional Constituyente y organizadas por el Consejo Nacional Electoral, para el próximo 10 de Diciembre.

Sí, Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, ABP, Causa R y otras agrupaciones minúsculas, que participaron en las recientes elecciones de gobernadores, anunciaron la decisión de mantenerse al margen de la liza electoral decembrina haciendo coro, nuevamente, con la posición extremista del grupo Vente Venezuela, de María Corina Machado y siguiendo las orientaciones dictadas, desde Washington, por el inefable Luis Almagro, secretario general de la OEA y de prominentes funcionarios del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Manifiesta torpeza

En una demostración de la manifiesta torpeza política y de la falta de visión estratégica que la caracteriza, esta oposición decide no participar en estas elecciones con la falaz argumentación de que el sistema electoral es fraudulento.

Al no tener el coraje para reconocer la derrota que sufrió el pasado 15 de Octubre, en la que a pesar de sus particulares pronósticos triunfalistas sólo obtuvo 5 de las 23 gobernaciones, resultado este, producto, básicamente, de sus exclusivos y grandísimos errores, la dirigencia opositora, recurre a proclamar un resultado fraudulento, que según sus más connotados voceros, fue fraguado por el gobierno a través del sistema electoral venezolano vigente; el mismo, que, por cierto, está certificado como uno de los más seguros y transparentes del mundo y en cuyas auditorías participan siempre experimentados testigos electorales opositores.

Julio Borges (PJ), en rueda de prensa de estos partidos, fungiendo como vocero de la comandita opositora, afirmó: “Lo que nos toca ahora a nosotros es no seguir un sistema, que lo que es absolutamente fraudulento”, y explicó que para participar “lo único que se exige es elecciones libre, ayuda humanitaria, porque el pueblo venezolano pueda elegir un cambio”; pensando, claro está, en la elección presidencial pautadas para el 2018.

Como ha sido señalado por diferentes analistas políticos en diversos escenarios, si acaso, uno de los peores males en el presente acontecer venezolano es la inexistencia de una oposición seria, con criterio propio, propositiva, con capacidad de liderazgo para presentarse ante el país como una alternativa efectiva al proyecto político bolivariano.

Es evidente que, desde los tiempos de Chávez, la agotada oposición quedó imposibilitada de levantarse ante tantas y sucesivas derrotas políticas, electorales, insurreccionales, morales, internacionales, etc., y que, a la fecha, no ha logrado reponerse y, menos aún, ni siquiera, renovar una dirigencia que, como la que tiene, ha demostrado una redoblada tozudez aunada a un reiterado contoneo  que sencillamente la incapacita para conducir con alguna sensatez al sector de venezolanos y venezolanas que adversan al chavismo.

Para muestra, allí está, Henry Ramos Allup, impertérrito secretario general de AD, que hace apenas unas pocas semanas declaraba, muy orondo, cuando se aprestaba a participar en las elecciones de gobernadores convocada por la ANC, que su partido participaría “en las regionales, en las municipales y hasta en las presidenciales”, pero, luego sale expulsando de su partido a los 4 gobernadores copartidarios electos porque se juramentaron ante la ANC y ahora anuncia, bajo el argumento de que “no hay condiciones” para participar, (¿qué habrá cambiado?) que su partido no concurrirá a las municipales y amenaza con expulsar a cualquier militante que se postule como candidato a alcalde. Imposible mayor ambigüedad política en menos de 30 días, está visto y escrito que este “líder adeco”,  por su contoneo, es como “el pato, si no la pone a la entrada la pone a la salida”.

Jugarreta

 Pero esta muestra de torpeza, fresca y recientica, que deja el espacio libre para que las fuerzas bolivarianas aumenten su presencia política en la institucionalidad del país, podría ser o es expresión de la convicción de la dirigencia opositora de que participando en las municipales estaría condenada a una nueva, inminente y significativa derrota. Basta con revisar, por un lado, los guarismos electorales de la contienda de Octubre para precisar que estos resultados le dan al chavismo una proyección de triunfo en por lo menos 245 alcaldías, lo que implica que a los grupos opositores le podrían corresponder, si acaso, unas 90, cantidad, que, por otro lado, lo más probable, tendería a reducirse dado el grado de dispersión, desmoralización y división en que se encuentra el escualidismo opositor en los actuales momentos.

Es decir, con la decisión de abstenerse, la comandita opositora, lo que está haciendo es evadir una nueva derrota en puertas, con la que le resultaría completamente insostenible enarbolar la especie que han venido manteniendo desde el circunstancial triunfo electoral parlamentario de 2015 de que constituyen la mayoría política en el país; falsía esta con la que han alimentado, en vano, tanto a sus seguidores internos como a sus promotores que la financian y aúpan desde el exterior.

De manera que al optar no participar, esta mediocre y cobarde oposición intenta evitar una derrota que de hecho está cantada, pero, evidentemente, con ello está dejando entrever una clara debilidad junto con la pérdida o abandono de espacios políticos, dejando al garete a muchos de sus seguidores, particularmente, a residentes de municipios con mayoría de las llamadas capas medias que sienten que sus dirigentes los han abandonado por sus  inconfesables cálculos políticos grupales.

Uno de sus oráculos, Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, la cual por cierto  pronosticaba que la oposición ganaría alrededor de 20 gobernaciones, ha sido muy preciso, en esta oportunidad, al sentenciar la situación en que se encuentra la oposición,  a través de su cuenta twitter, les dijo: “el dilema de la oposición actualmente es perder y perder Si participa pierde y si no participa…también”.

A todo riesgo prefieren  apelar a la jugarreta  política de abstenerse en estas próximas elecciones, sustentándose en la falacia del sistema fraudulento construido por el CNE, aún cuando, desvergonzadamente, ya algunos voceros opositores han planteado la conveniencia de concentrarse en organizar primarias internas para seleccionar, con suficiente anticipación, al candidato opositor que sería el abanderado en las elecciones presidenciales de 2018, naturalmente, haciendo uso, para tales efectos, del por ahora encarnecido sistema electoral del CNE. Imposible, mayor desfachatez, pero esa es la  mediocre oposición que tenemos en el país.

Naturaleza opositora

Pero la puntualización de la torpeza o jugarreta política, a manera de intentar explicar las sinrazones por las  cuales la oposición, o buena parte de ella, se abstiene de participar en el proceso electoral pautado para el venidero diciembre quedaría incompleta si no se incorpora el elemento fundamental que, a nuestro juicio, es el que incide de manera más determinante para tomar tan desacertada decisión,  como lo es la naturaleza sumisa y antipatriótica de esta oposición frente a los designios del imperialismo estadounidense.

El imperialismo, también, fue uno de los derrotados en las elecciones del 15 de Octubre, pues sus cálculos, así lo indican sus pasos previos, apuntaban a que estas elecciones iban a ser ganadas por la oposición con lo cual aumentarían las presiones de todo tipo que han venido ejerciendo contra Venezuela (políticas, económicas, comerciales, financieras, militares diplomáticas, mediáticas, etc.,) para forzar la salida del Presidente Nicolás Maduro con el adelanto de elecciones presidenciales, llamadas, naturalmente, a ser ganadas  por sus adláteres locales. Pero, una vez más se impuso la terca realidad, la que expresó el bravo pueblo venezolano con los resultados ampliamente favorables a los candidatos chavistas  el 15 de Octubre y que ya se había preanunciada  el 30 de Julio con el respaldo otorgado a la recién conformada Asamblea Nacional Constituyente.

Pésimos cálculos los del imperialismo que ahora lo conducen a asumir que su tan esperado derrocamiento del gobierno chavista no tiene cabida por la vía electoral muy a pesar de todos los perversos requiebros que han impulsado y que la tendencia inexorable, contra todos sus pronósticos, es al fortalecimiento de la revolución bolivariana.

De allí que estén retomando el otro escenario, el de la beligerancia abierta y contumaz que, a decir verdad, nunca han dejado de estimular, pero que ahora colocan en el primer plano de preferencia: arremetida con el aumento exponencial de precios, boicot y saboteo a servicios públicos, mayor presión política, diplomática, económica y financiera internacional (OEA; Unión Europea; Grupo de Lima, etc.) intimidantes maniobras militares cercanas a las fronteras venezolanas; insistencia en el artero e infundado planteamiento de la “ayuda humanitaria”; aumento de la manipulación y cerco mediático transnacional, etc. y, por supuesto, mayor y pleno plegamiento de la sumisa  y antipatriótica oposición a estos planes y cálculos imperialistas, concebidos para atentar contra la independencia, la soberanía y la paz de la patria y del pueblo venezolano.

La suerte está echada, desde el mes Diciembre de 1998, cuando el Comandante Chávez arribó a Miraflores con el apoyo decidido del pueblo insumiso, dispuesto a revolucionar  las relaciones de explotación existentes en nuestro país y a romper con las cadenas de dependencia que como nación nos ataban al imperialismo estadounidense. Al cabo de 19 años, aquí seguimos y en eso andamos y no es precisamente la torpe, mediocre, sumisa, apátrida oposición quien lo va a impedir. “ESTAMOS DECIDIDOS A SER LIBRES Y LO DEMÁS NO IMPORTA NADA”.

 

*miguelugas@gmail.com

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